EVANGELISMO

Amor incondicional

En algún momento de tu vida, ¿te has preguntado qué es realmente el amor?

¿Qué es el amor verdadero?
En algún momento de tu vida, ¿te has preguntado qué es realmente el amor? ¿Has anhelado encontrar ese amor incondicional, alguien que te ame a pesar de tus defectos y virtudes, alguien que te ofrezca un amor puro y verdadero?
Hoy en día, muchos dudan de la existencia de un amor incondicional. Sin embargo, el amor va mucho más allá de lo que podemos imaginar. La Biblia nos enseña que el amor es una característica de Dios, quien es infinito e indescriptible. Así es su amor por ti: infinito, incondicional e inexplicable.
La palabra amor se clasifica en cuatro categorías:

AMOR PHILEO

Es el amor basado en la amistad, que genera una obligación. Ej: "Yo te doy, pero espero que me des". Este es el amor entre amigos.

AMOR STERGO

Es el amor que sentimos por nuestra familia y también está basado en una obligación.

AMOR EROS

Es el amor sexual, íntimo y físico entre una pareja.

AMOR ÁGAPE

Es el amor de Dios, incondicional y desinteresado. Es el amor abnegado que da sin esperar nada a cambio. Este es el amor más puro y sincero que podemos encontrar en nuestras vidas.

El amor es un acto voluntario de entrega sin reservas, como lo hizo Jesús al elegir amarte y morir por ti.
El Amor según la Biblia
La Biblia dice en 1 Corintios 13:4-8:
«El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.»
Este es el amor de Dios, un amor que no depende de lo que hayas hecho ni de quién eres. Dios decidió amarte y nada puede cambiar eso. Este amor no se puede comprar ni vender; se obtiene por gracia.
Tal vez te preguntes: ¿por qué necesito el amor incondicional de Dios?
La Biblia dice: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23).
El pecado, en términos simples, es la desobediencia a los mandamientos de Dios. Tal vez pienses que eres una buena persona, pero todos necesitamos arrepentimiento, ya que «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).
Nuestro destino era ese lugar de tormento, donde «el gusano nunca muere, ni la llama nunca se apaga». Pero no es la voluntad de Dios que vayas a ese lugar.

El pecado trae dos tipos de muerte:

MUERTE FÍSICA: Ocurre cuando nuestra alma se separa de nuestro cuerpo físico.

SEGUNDA MUERTE: Ocurre cuando somos juzgados y hemos rechazado el amor de Dios, llevándonos a un lugar de tormento lejos de Él (Apocalipsis 20:11-15).

Este es un lugar alejado de Dios, un lugar de tormento eterno. En Apocalipsis 20:11-15, se describe el juicio final:
«Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados cada uno según sus obras. La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.»

Dios no diseñó este lugar para ti; fue creado para el diablo y sus demonios. La desobediencia de Adán, el primer ser humano, nos dejó bajo condenación. Recuerda, «la paga del pecado es muerte» (separación de Dios). Por herencia, estábamos destituidos de la gloria de Dios: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23).

Nuestro destino era ese lugar de tormento, donde «el gusano nunca muere, ni la llama nunca se apaga». Pero no es la voluntad de Dios que vayas a ese lugar.

El amor se demuestra con hechos
El amor verdadero se prueba con actos, no solo con palabras. Isaías 53:3-9 profetiza sobre el sacrificio de Jesús:
«Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»
Jesús pagó el precio de tus pecados. Murió, pero al tercer día resucitó para que tú no mueras espiritualmente. Jesús experimentó ese lugar de tormento para que tú no tengas que ir allí. Ahora, tú decides si aceptas ese amor incondicional o lo rechazas.
Él está esperando por ti. Jesús fue a preparar un lugar especial para todos aquellos que no rechacen su amor (Juan 14:1-5). Jesús es el camino hacia el cielo. Él dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6).

El amor de Dios en acción
Dios no desea que vayas a ese lugar de tormento. La desobediencia de Adán nos dejó bajo condenación, pero Dios nos ofrece salvación a través de Jesús, quien murió y resucitó para darnos vida eterna.
¿Te gustaría aceptar ese amor incondicional de Dios? Jesús es el camino hacia el cielo. Él dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6).
Para recibir este amor, debes:
    1. Reconocer que eres un pecador.
    2. Recibir a Jesús en tu corazón.
    3. Confesarlo con tu boca.

¿Cómo lo haces? Romanos 10:9-10 dice:
«Que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.»
Oración de Salvación
Si deseas recibir este amor incondicional, repite esta oración:
«Padre, reconozco que soy un pecador y que mi pecado me separa de ti. Hoy me arrepiento de todos mis pecados. Confieso con mi boca lo que creo en mi corazón, que Jesús es mi Señor y que Dios el Padre le resucitó de los muertos. Perdóname por haber despreciado tu amor. Hoy rompo todo pacto con el mundo, ven a habitar en mi corazón y escribe mi nombre en el libro de la vida. Gracias Jesús, porque sé que, si hoy muero, estaré contigo. Amén.»